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Diario Ideal - Granada, 03-6-2005

TRIBUNA

Mauthausen: Testigos y memoria


(respuesta al artículo de Remedios Sánchez)


BENITO BERMEJO/HISTORIADOR. UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA
Y SANDRA CHECA HISTORIADORA. UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

REMEDIOS Sánchez escribe en el IDEAL del día 23 del corriente sobre Antonio Pastor Martínez, recientemente fallecido. Nos sentimos plenamente concernidos por su escrito, aunque solo fuera porque llevamos años realizando investigaciones sobre los republicanos españoles que pasaron por los campos nazis. En esa línea hemos publicado un trabajo en una revista científica (Migraciones & Exilios, n.° 5, 2004) que está directamente relacionado con Antonio Pastor y nos tememos que cuando ella escribe sobre 'un pseudohistoriador' esté refiriéndose a nuestro trabajo o, mejor dicho (puesto que es obvio que no lo conoce) a algunos ecos que le hayan llegado de él.

Conocimos a principios de 2003 al Sr. Pastor porque pretendíamos entrevistarle en calidad de superviviente de Mauthausen y él nos recibió muy amablemente. Prestamos toda nuestra atención a sus relatos y a la documentación que él nos mostró y también recopilamos lo que iba apareciendo sobre él y su actividad pública en prensa, televisiones y otros medios, que se remonta aproximadamente al año 2000. Desde muy pronto nos fuimos encontrando con elementos inconsistentes en su relato; muchas cosas no encajaban en la realidad conocida de Mauthausen e incluso de la historia general del periodo. Acudimos además a la documentación de archivos situados en Francia y Austria y localizamos a testigos que habían conocido a esta persona ya en 1940, durante su exilio en Francia.

Nuestra conclusión fue que Antonio Pastor, exiliado en 1939, había conocido un periodo de internamiento de cerca de un año en el campo francés del Vernet d'Ariège. Ello comienza en abril de 1940 y hasta ese punto su relato estaba muy próximo a la realidad documentada. Por el contrario, y en contra de lo afirmado por Pastor, éste nunca había conocido al ocupante alemán, pues había sido liberado en 1941 y su retorno voluntario a España tuvo lugar poco después, el 21 de julio de ese año. La zona sur de Francia no fue ocupada por los alemanes hasta noviembre de 1942.

De este modo Pastor no pudo prestar resistencia -en contra de lo que él afirmaba- ante el ocupante alemán; tampoco fue testigo de deportaciones hacia los campos nazis desde el Vernet. Estas existieron, pero años más tarde, cuando él se encontraba finalizando sus tres años de servicio militar en Batallones Disciplinarios en España, algo demostrable incluso con su propia documentación.

Su relato no era, así, una fuente histórica válida acerca de la deportación de los españoles y resultaba muy dudoso en cuanto a otros aspectos del exilio. Pero entonces ¿qué hacía que Pastor fuera presentado como testigo por tantos medios? Seguramente muchos encontraron en él elementos atractivos para el público; es el caso de los informadores que no llevaron a cabo una tarea de verificación. Por ejemplo, los autores de esos trabajos que la citada columnista considera magníficos y «justamente premiados». Algo tan sencillo como la consulta de un Atlas histórico hubiera debido plantear algunas dudas a esos autores. También podría habérselas planteado a la Sra. Sánchez, pero tal vez a riesgo de estropear la bella historia del clarinetista salvado de la muerte por su música.

No era un simple problema de imprecisiones: Pastor no podía dar testimonio de lo que no conoció. Nos parecía necesario no dejar correr las cosas indefinidamente, pero a la vez nos preocupaba que esto implicara alguna forma de escarnio para Antonio Pastor. Al escribir nuestro artículo optamos por no indicar su nombre, sino unas iniciales. Además, contactamos a un miembro de su familia y le hicimos saber nuestras conclusiones. Más tarde, al calor del interés despertado por la impostura de Enric Marco, algunos periodistas localizaron nuestro artículo y establecieron la relación con la persona de Antonio Pastor, precisamente en los días en que fallecía.

Quedan todavía hoy supervivientes de Mauthausen, algunos también andaluces. Sería interesante que los medios contactaran con ellos: se encontrarían con su indignación por este desgraciado asunto. En cuanto a nuestra condición de (pseudo) historiadores, creemos que la lectura de nuestro artículo (accesible ahora en la dirección http://www.exilioydeportacion.com) ayudaría a los lectores de este diario a tener una opinión fundada.



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Diario Ideal - Granada, 23-5-2005

TRIBUNA

Antonio Pastor


REMEDIOS SÁNCHEZ

CUANDO hace pocos días se cumplía el 60 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Mauthausen, pensé mucho en Antonio Pastor; nadie que haya asistido a sus charlas brillantísimas, fruto del juramento de Mauthausen que obligaba moralmente a los que saliesen vivos de aquel infierno deshumanizado a contar el horror pasado para evitar el olvido, podrá jamás dejar de recordar su mirada serena y a la vez doliente y su media sonrisa candorosa de niño-anciano que cuenta la verdad de lo que ha padecido.

Ahora nos enteramos por la prensa de su fallecimiento tras una dura lucha contra el cáncer, precisamente en las mismas fechas en las que un pseudo-historiador que ni siquiera merece aquí mención de su nombre, hace bueno aquel lema del mal periodista: «No dejes que la realidad te estropee una buena noticia». Pero de esto es mejor ni hablar pues el tipo podría decir aquello de «Ladran, Sancho, luego cabalgamos».

La historia de Pastor, terrible como todas las historias de una guerra, comienza en su más temprana juventud, cuando, recién terminados sus estudios de magisterio de francés se alistó en el bando republicano y luchó en la Guerra Civil; después de que el legítimo gobierno fue vencido tras el baño de sangre de la batalla del Ebro, este hombre, junto a tantos otros, pasó a Francia. Sin embargo, lo primero que se encontró allí fue el inicio de la II Guerra Mundial, un país controlado por el nazismo y un campo de concentración donde se le recluyó y desde el que pasó a Mauthausen (Austria), lugar adonde entraron unos 7.000 españoles y del que salieron sólo 2.000. Los horrores de esta etapa de su vida son inenarrables; tanta fue la barbarie sufrida que relató Antonio Pastor en el magnífico documental de Canal Sur «Mauthausen: vivir para contarlo» -dirigido por Roberto Sánchez y recientemente premiado con toda justicia por la Junta de Andalucía- que da escalofríos reproducirla. Daremos tan sólo dos pinceladas: Pastor sobrevivió gracias a su faceta de músico -tocaba el clarinete- junto a otros tres compañeros, quienes acompañaban con sus piezas musicales a los oficiales nazis; el resto del tiempo, este hombre era obligado a transportar carros llenos de cadáveres a los hornos crematorios. Con eso está dicho todo.

Pero sobrevivió y pudo volver a España a abrazar a su madre y a su novia tras la liberación del campo austriaco en 1945, aunque tal vez no esperara -después de tanto sufrimiento- que el régimen de Franco le prohibiera ejercer su profesión de maestro y lo condenara a trabajos forzados durante muchos años. De todas maneras, Antonio Pastor no se arredró, formó una familia y trabajó como vendedor de zapatos para sacarla adelante. Finalmente, este oriundo de Almansa vino a vivir a Granada y en los últimos años ha trabajado con denuedo para recuperar la memoria histórica de aquellos terribles momentos con conferencias, charlas y entrevistas a todo el que se lo ha pedido. Gracias a él se pudo hacer un listado con los muertos andaluces en Mauthausen, con lo que se ha dado finalmente paz a muchas familias y gracias a él también se han sabido verdades que permanecían ocultas para el gran público.

Hace pocos meses le concedieron la Medalla de Andalucía -inexplicablemente tardía- como reconocimiento a sus esfuerzos por rescatar una verdad que no siempre interesa que sea recordada y ésa es la última instantánea que he visto de Antonio Pastor, precisamente en las páginas de IDEAL. Después me han contado que estaba en un hospital muy enfermo pero con la mente lúcida y con ganas de seguir luchando por vivir, aunque esta vez su minado organismo y sus 86 años de lucha constante le han pasado factura.

Antonio Pastor ha muerto y muchos lo sentimos, ya que con él muere un poquito más de nuestra historia viva, pero ha debido morir lleno de paz porque ha cumplido su compromiso, tanto con sus compañeros como con la Historia: contar la verdad del sufrimiento y el asesinato de millones de seres humanos para que no se nos olvide y no lo repitamos. Descanse en paz.


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