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Dossier sobre el Caso Enric Marco

La naturaleza del impostor

Asume el papel de víctima y es entonces más víctima que nadie, porque nadie como él ha ejercido de verdugo, y ha visto sufrir, y nadie como él sabe lo que debe de sentir una víctima

GREGORIO MORÁN - La Vanguardia, 18/06/2005

Todo aquel que se dedique a la literatura siente una irresistible fascinación hacia los impostores. Insuperable quizá porque en el fondo hay algo de complicidad. Porque somos impostores. Escribimos sobre cosas que no hemos vivido y que imaginamos. ¡Lloré de risa el pasado viernes al enterarme de que en el aeropuerto Newark Liberty de Nueva York había sido detenido y encarcelado por estafador el hasta entonces eminente financiero Alberto Vilar. Aún le recuerdo en la contra de este diario entrevistado por Víctor Amela, hará unos años, exhibiendo bíceps culturales, filantropía operística y contando una historia hilarante de su abuelita, un violín, un padre rico y duro, una vibrante emoción musical... y los grandes tenores sometidos a sus talones (bancarios). Deberíamos enviarle la entrevista a la prisión donde se encuentre, dedicada atentamente por todos nosotros, ingenuos plumillas de la clase de tropa.

Lo reconozco,me fascinan los impostores. Por muchas razones, una de ellas y muy principal porque carecen de rubor y de vergüenza. Un tímido adora a quien carece de timidez. Ellos jamás conocieron esa sensación que te delata y que no es más que el color que se te viene a la cara, a la primera de cambio: ¿por qué te ruborizas? Y tú intentas salir del atolladero, balbuceante y doblando aún más el rojo púrpura de tu cara de semáforo. Adorables impostores. Individualistas siempre porque el impostor es la forma patológica del rebelde. Las filmotecas de toda España han proyectado hace unas semanas una serie sobre Roberto Rossellini el Grande, y ahí los viciosos de la pantalla pudimos gozar de Vittorio De Sica interpretando a uno de los mejores impostores de la historia del cine, el general Della Rovere.

Sin embargo, hay una gama de impostores que me produce repulsión, el que juega con los sufrimientos ajenos y hace de ellos su modo de vida y su negocio. Ese ser despreciable que después de ser cómplice de los verdugos asume, cuando desaparecen, el papel de víctima y es entonces más víctima que nadie porque nadie como él ha ejercido de verdugo, y ha visto sufrir, y nadie como él sabe lo que debe de sentir una víctima. Estoy hablando de una basura que tiene nombre y se llama Enric Marco Batlle, el impostor que asumió el papel de represaliado en los campos de concentración nazis y que llegó a ser su representante más cualificado en España dada su condición de Presidente de la Amical de víctimas de Mauthausen. Hay cosas con las que no se puede jugar, aquellas en las que cualquier frivolidad es crimen. Los campos de concentración nazis son una de ellas.

Que un tipo se haga pasar por víctima y lleve años explicando por colegios, institutos y universidades cómo se sufría en los campos de exterminio a partir de su experiencia y que luego resulte que es un impostor, un tipo que se apuntó para trabajar con los nazis como obrero voluntario en los astilleros de guerra de Kiel y que si conoció alguna cárcel, puedo apostar con absoluta seguridad que fue por delincuente o estafador, y no por razón política alguna.

La media anual era de 140 conferencias, pagadas por supuesto. Añadan viajes, emociones intensas ante un heroico personaje y sobre todo, sobre todo la manera de contar. He leído la carta a un compañero de celda concentracionaria donde no estuvo nunca y los versos -deleznables- evocando la Navidad de 1944 en el campo de Flossemburg, que esta basura no pisó. No me gustan las Amicales de nada, porque los mejores son los que han muerto, los que sobrevivimos siempre hemos traicionado algo. El único mérito del superviviente es haber ganado la vida a costa de entregar otro montón de cosas. "Había una gran abundancia de detalles truculentos cuando contaba su historia", dice Benito Bermejo, el historiador que desenmascaró a este tipo despreciable. A nadie que haya sufrido tortura le gusta recordarla.

¿Tan desarmados estamos como para que un tipo así pueda seguir galleando como si hubiera hecho buenas obras con malos principios? El muy gañán ha tenido la desvergüenza, tras su desenmascaramiento, de protestar ante sus víctimas -que somos todos- que no se le ha concedido "el beneficio de la duda". ¿No hay ley que pueda aplicarse a este estafador ideológico para que al fin conozca la cárcel por alguna razón de mérito? Y todo empezó por un hombre, al que muchos cómplices del impostor tratan de anular, a su estilo, calumniando, Benito Bermejo, al que no conozco de nada -es horrible que cada vez que alguien elogia a alguien debe apuntar que no se trata de amigo ni de socio, porque últimamente el elogio cotiza en la bolsa de las miserias-, un historiador, al parecer de Salamanca, ahora que las bestias pardas están a punto de exigir pureza de sangre de nuevo-. ¿No habrá nadie que cuente de una manera normal la diferencia que existe entre una Documentación para historiadores y las reliquias de los santos de la Castilla profunda y la Catalunya de la ceba?El toque surrealista, muy español por otra parte, está en la contemplación en paralelo de un analfabeto exponencial, fascista por más señas, en la Plaza Mayor de Salamanca exigiendo que le dejen los Papeles y otro de aquí, cuyo padre se lo incautó todo y se lo llevó a Salamanca, y ahora exige que se los devuelvan; tiene el mérito de la restitución, pero habría que explicarlo de verdad y no jugar a la impostura. ¿Quién se llevó los archivos de la Generalitat a Salamanca y no se preocupó de ellos hasta anteayer? (Lo digo en singular por razones de construcción literaria, pero lo podría escribir en plural; el primer deber de muchos historiadores en Catalunya sería explicarse a sí mismos antes de explicar la historia del país, o más bien, ayudarían mucho a explicar el país si explicaran su evolución, o su involución).

Al día siguiente de que se hiciera público que Enric Marco, presidente de la Amical de Mauthausen era un impostor, la revista emblemática de los historiadores en Catalunya -L´Avenç-aparecía con un artículo impúdico firmado por Enric Marco narrando su experiencia en el campo de concentración que no había pisado nunca. Lo digo con sinceridad, yo hubiera retirado ese número de los kioskos y me hubiera planteado sobre qué demonios estamos investigando si resulta que el más conocido y afamado de nuestros héroes antinazis es un falsario.

Un tipo que es capaz de mentir en algo tan descomunal como hacerse pasar por víctima, cuando estaba en el campo de los verdugos, no se para en barras. Sostengo (es una hipótesis basada en viejas experiencias) que de Enric Marco Batlle no es verdad ni la fecha de nacimiento. Un impostor no tiene límites, o por decirlo con precisión, no tiene más límite que nuestra credulidad, que es infinita. ¿Que luchó con 15 añitos en el batallón de Durruti? No me haga reír, porque ofendería a tantos como dejaron la vida mientras este desecho se monta sobre sus cadáveres. ¿Que fue anarquista en la clandestinidad y alcanzó la secretario general de la CNT en 1978? Pobres ácratas de otros tiempos, llevar esta mochila es peor que una traición, es una muestra de incompetencia. Este fantasma,como le llamaban los veteranos anarquistas que se lo encontraron organizando el VI Congreso de la CNT -el primero del posfranquismo, en la Casa de Campo de Madrid, diciembre de 1979- que tuvo relaciones con Gobernación (Belloch, gobernador civil de Barcelona) y Martín Villa (ministro del Interior), y que tuvo algo que ver en el oscuro incendio del Scala y en la división letal del anarquismo español, terminó su periplo con una Cruz de San Jordi, por vicepresidente de la Federación de Padres y Madres de Alumnos de Catalunya.

¡Qué sarcasmo! El encargado de formar a las nuevas generaciones resulta un estafador y su engaño es tan inconmensurable, que sus cómplices afirman que fue positivo, porque hizo un buen trabajo de representación. No hay un solo criminal sin disculpa. Los grandes atracadores aseguran cuando los pillan que al fin y al cabo ellos no roban tanto como los propios bancos. No existe asesino que no solicite nuestra benevolencia asegurando que Estados Unidos o el fundamentalismo islámico mata bastante más que ellos y con menos castigo.

Enric Marco Batlle puede ser todo, pero nada de ello será digno. Porque quien ejerce de víctima habiendo estado con los verdugos produce una distorsión inmensa, irrecuperable, entre quien le oye y le atiende y le cree. En su palabra está la voz de la verdad, de la experiencia, del sufrimiento. Y si no es así merece un castigo ejemplar, porque la sociedad no es tan despreciable como para confundir a los actores con los protagonistas, a los héroes con los extras, a las víctimas con los usurpadores.Un estafador es alguien que engaña a sus socios, a sus amigos, a todos los que logra embaucar. Y eso es un delito, penado por la ley. Un hombre que estaba sobre los muertos y se hace víctima, y se beneficia de un prestigio, de una imagen, de algo tan sensible como el sufrimiento, no hay pena que pueda resarcirlo. Jerzy Kosinski, un escritor por el que siento especial estima y al que debemos textos espectaculares, como aquel Mister Chance que luego llevaría a la pantalla Peter Sellers, escribió una autobiografía de judío polaco en familia sufriente, y un par de historiadores norteamericanos descubrieron que era un impostor, que había pasado su infancia en una casa normal y sin represalias. La humillación ante la verdad lo llevó al suicidio.

No hay temor, los tipos como Enric Marco no se suicidan. Ya saben, ni siquiera el rubor en las mejillas. Cuando mueren están seguros de haber hecho un buen trabajo social y hasta les sorprende que no se les valore como ejemplares únicos. Cuentan que en la última asamblea de la Amical de Mauthausen varios de los cómplices de Marco acusaron al historiador Benito Bermejo de ser de Salamanca y de tratar de humillar a Catalunya. Y yo pregunto: ¿dónde está el mérito de ser hijo, hermano, sobrino de un preso? Cuervos sobre la memoria de los muertos. Cuentan que Antonio Pastor, el supuesto miembro de la orquesta musical que los nazis permitieron en Mauthausen, murió hace apenas dos semanas sin saber que habían descubierto su impostura. Era de Almansa, en la provincia de Albacete, y se había empeñado y protegido para convertirse en víctima de los campos nazis hasta que descubrieron que era un impostor. La familia, dicen, se cuidó de que no supiera que había pasado de héroe a falsario, para que no sufriera.

Algunos de los tipos más despreciables que he conocido en mi vida habían sido heroicos combatientes por la libertad. La vida es demasiado compleja y la gente tiende a ser simple.


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