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Comunicado a la Amical de Mauthausen de Barcelona

Cuando vine a la Asociación Amical de Mauthausen, hace ya unos meses para ayudar en el trabajo de esta Asociación, nunca hubiese podido imaginar todo lo que en ella encontraría. He sido feliz ayudando a escribir cartas en el ordenador, pegando sellos, respondiendo al teléfono por las mañanas cuando hasta entonces el local solo abría por las tardes, incluso haciendo charlas en los institutos, explicando lo que fue la deportación. He intentado aportar a esta Asociación mi saber y mi tiempo, de la mejor forma posible, sin otra intención que la de ayudar a esta noble causa a ser más y mejor conocida en este país. Toda mi aportación ha sido desinteresada. A tal punto que aporté los archivos de mi tío, que traje su biblioteca casi completa de obras tratando de la deportación, que aporté los videos y documentos históricos que podían enriquecer la institución.

En contra partida he encontrado, al filo del tiempo una junta dividida, tensa y de alguna manera, me atrevo a decir, intolerante. Muchas han sido las reuniones donde he reclamado más democracia en las intervenciones, donde a ciertos de nosotros no se nos deja hablar, se nos corta la palabra, se nos menosprecia no teniendo en cuenta nuestras apreciaciones. Hasta hoy he soportado todo eso por la gratificante contrapartida que supone el sentirse útil en los trabajos que he emprendido en nombre de la Asociación. Muchas veces me he callado, pensando "que no valía la pena". Hoy pienso que me equivoqué callando dejando pensar incluso a ciertas personas que no era lo suficiente inteligente. Los que lo pensaron se equivocaron.

Últimamente en Linz ocurrieron dos episodios en nuestras reuniones de Junta en el hotel que me han confirmado lo expresado aquí arriba.

Hablo en primer lugar en la confrontación que tuve en una de esas reuniones con Adrian Blas, que pillé mintiendo sobre los hechos referentes a Enric Marco y por lo cual nadie de la junta allí presentes me apoyó ni se dignó a decir una palabra.

En segundo lugar y por la enésima vez desde que estoy en la Junta, durante otra reunión en el hotel, se me hizo callar la boca porque lo que podamos decir algunos no cuenta. Delante de tal actitud me levanté y me marché de la reunión sin que nadie, a parte Juan Calvo, hiciese un gesto o dijera una palabra para explicarme o retenerme.

En fin, ayer fue emitido un parte emanado de la Junta que me llegó por correo electrónico a las 22 horas y 32 minutos, después de haber sido divulgado sin mi conocimiento previo, excluyéndome de hecho de las decisiones de la junta.

Por todo esto y en profunda disconformidad con esta junta presento mi dimisión irrevocable desde este momento.

Quiero subrayar que mi decisión no tiene que ver directamente con el caso de Enric Marco, como mucho ha precipitado mi decisión que no era más que una cuestión de días.

En lo que se refiere a todo el material heredado de mi tío, Juan de Diego, deportado de Mauthausen, matrícula 3156, que he aportado a la Amical, exijo recuperarlo en su totalidad y guardarlo en mi casa. Así quedará para consulta de los historiadores o estudiantes.

Estas consideraciones aquí expresadas se refieren a la entidad como conjunto, guardando para mi el sentimiento individual que siento para cada una de las personas que la componen.

Quiera un futuro próximo podamos trabajar en aquello por lo que realmente vine a esta Asociación.

Barcelona, 11 de mayo de 2005

Enrique Urraca


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